«¿Por qué no escribís el libro?» Me preguntó Michelle
Michelle me preguntó el otro día: «¿Por qué no escribís el libro?». Y me quedé pensando en esa pregunta.
¿Qué necesito para escribir mi libro? ¿Ideas? ¿Adaptar el atelier para que sea más fácil escribir? ¿Quizás pasar la máquina de café a esa habitación? ¿Disciplina? ¿Constancia? ¿Ver oficinas de escritores como inspiración? ¿Ser un poco más egoísta con otras personas y usar la escritura como una forma de dedicarme a mí misma?
Lo que más me cuesta es tener esta idea de que necesito que las cosas estén perfectas para poder hacer algo. Necesito tener una habitación fría, sin calefacción, con pilas de libros en mi biblioteca. Desorden, una biblioteca robusta y desordenada. Un armario normando también. Anteojos, use o no.
En mis días pretrauma, cuando escuchaba a mis padres decir que escribir nunca era una carrera seria, imaginaba la escritura como algo inalcanzable, algo que solo unos pocos podían dominar bien. Me imaginaba a mí misma como alguien que escribiría a escondidas, donde mi escritura no tendría valor, incluso si significaba mucho para mí. Incluso si en los talleres de escritura a los que iba les gustaba lo que escribía.
¿Talento desperdiciado?
«Pipa, vos tenés mucha tela para cortar», decía Ani, un amigo del taller.
En mis días postrauma, después de años en los que dejé de escribir para sobrevivir, hoy veo que mi pasión por escribir sobrevivió al trauma.
Durante la recuperación me era difícil conectarme con esa parte de mí, después de tantos años viviendo con el impulso de sobrevivir.
Ahora escribir se siente como algo natural. La inspiración y lo que busco están adentro mío. Es solo empezar y crear un modelo de escritura que nunca existió, más allá de que haya manuales sobre cómo escribir.
Por ahora no creo que necesite una oficina perfecta, aunque en algún momento haga algunos ajustes. Tengo fotos, tengo documentos de Word ya comenzados, tengo souvenirs de viajes, tengo muchos journals.
Volviendo a la pregunta de Michelle, creo que se responde con otra pregunta: ¿por qué no?
Quizás ese sea el prefacio de mi vida postraumática.